MANIFIESTO #1#


El desorden psíquico sometido


¡¿No a la guerra?! decía la grisácea marea de palos verdes y maduros (más verdes que maduros)
mientras entonaba la calurosa orilla de los llantos ajenos; lo míos también. Una marabunta de imágenes que distraen a la perspectiva coloreada sombra de los gladiolos y crisálidas en la cabaña del sentimiento de la bella que espera ser trasladada.


Una posada, un llanto de niño desordenado en la mañana verde (como los palos) de los que no se distingue la esfinje de la crueldad. ¿Usted cree en serio que los aumentos de la cosecha mejora el desvanecimiento de la ilusión y la felicidad?, ¡yo también!, en el sentido figurado.
Mientras tanto, la pareja des-cansa a la atolondrada mirada del espejo. Él puede. Sinuosamente afilada desfila la fémina encarnada en los cortos brazos de su amado. Este, descabelladamente infeliz exclama su felicidad al infinito bajo de dios, entre las nubes violetas.


La pareja rezuma viento a través de las colinas de sus pensamientos más coloridos y espectacularmente no bellos. La semblanza de sus rostros con el arte de Picasso es totalmente proporcional a la bajada del Llobregat en día de lluvia; más los ¡palos! que en él se deslizan como en sábana de seda virgen.
Más dudosa es la cascara de nuez en la penumbra de su propia sombra, un encanto lila y marrón donde el bello busto de mujer se transpone al bello busto del hombre aún sin probar de tocarse, una sinergia de libido claro y encarnación divina donde cabe esperar unos meses; años quizás, hasta que aparezca el ángel reboloteador que es la imaginación del momento hallado.


¡¿No a la guerra?! decía la grisácea marea de palos verdes y maduros (¡más verdes que maduros!), el día que la semilla brotó de la espesura meridional hacia arriba. Un esperpento que quiso hacer volar el baile de disfraces al que fui invitado. Del que fui testigo de la dolencia visceral a la que las personas están (estamos) sometidas. Una dolencia fría y lenta para pasar desapercibidamente desapercibida, en cuclillas desde el lado de arriba desfilan los secretos de los palos y las hormigas; unas lentas hormigas frente a las rápidas codornices de los bloques de hormigón armado (de placer) por ver el destruido trono de los felices.
Armando eso si de una bella melodía de in-felicidad que ahonda en las sinuosas cavidades preciosas de malva y satén, a merced del terciopelo de la piel de la muchacha sentada. ¿Que pensará la digna prostituta de esas sombras verticales?, lo mismo que usted y ¿yo?, probalemente probable.
No se asuste, si usted es el culpable, ¿palo verde o maduro?.

 

Jose+